
En los últimos meses he tenido una sensación recurrente en algunos de mis “cafés comerciales”.
Cuando explico a qué me dedico, siento la necesidad de contar cómo me he formado, cuánto tiempo he invertido, las acreditaciones y certificaciones que he ido consiguiendo por el camino…
Y me he preguntado por qué.
Creo que la palabra coaching se ha utilizado para tantas cosas y de tantas maneras que, en ocasiones, cuesta saber qué hay realmente detrás de un profesional que se presenta como Coach.
Por eso he decidido escribir este artículo. Para contar, desde mi propia experiencia, en qué consiste este camino que yo, y muchos otros profesionales, hemos elegido no solo como profesión, sino casi como una forma de vida.
Porque si la pregunta es cuánto cuesta formarse como Coach, podría responder simplemente con el precio de una certificación o una especialización.
Sin embargo, esa cifra se quedaría bastante corta.
Porque detrás no hay solo una inversión económica. Hay horas de formación, estudio, práctica, procesos de coaching, mentorías, acreditaciones y, sobre todo, mucha dedicación.
Una inversión que, en mi caso, ha sido tremendamente gratificante.
Si algo me da esta profesión, además de una nueva manera de trabajar, es algo que espero no perder nunca: la curiosidad y las ganas de seguir profundizando en el ser humano.
Antes de los números: ¿qué significa formarse como Coach?
Mi primera certificación, como Coach Superior Ejecutivo CORAOPS, llegó en diciembre de 2020, justo en vísperas de Navidad, para poder celebrarlo en grande (jaja).
Desde entonces he acompañado a muchas personas, algunas de ellas procedentes también del mundo del coaching. Y es ahí donde entiendes por qué, en ocasiones, existe cierta desconfianza hacia la profesión.
Porque una formación seria en Coaching no consiste en aprender cuatro “preguntas poderosas”, que es a lo que muchas veces se acaba reduciendo desde fuera.
Hay metodología, competencias, práctica, feedback, ética, horas de acompañamiento, trabajo personal… y muchas horas detrás que nadie ve.
Hay certificaciones que ni siquiera incluyen prácticas y, honestamente, me resulta difícil imaginarme acompañando a un cliente sin haber practicado antes una y otra vez.
Porque una cosa es obtener una certificación y otra, bastante distinta, convertirte en un buen profesional del Coaching.
Eso implica dedicación, horas de práctica, sesiones probono, seguir formándote y algo que, para mí, es esencial: dejarte acompañar tú también como persona.
En mi primera formación esto venía prácticamente incluido en el pack —era una especie de 2×1—: mientras aprendías a ser Coach, inevitablemente también hacías tu propio proceso al ser acompañada por el resto de compañeros.
Y, visto con perspectiva, me parece una de las partes más valiosas del aprendizaje.
En mi caso, además, hice mucho probono estratégico al principio. No por regalar mi trabajo ni por miedo a cobrar, sino porque necesitaba ganar confianza, acumular experiencia y aplicar la metodología CORAOPS en casos reales.
Cada una de aquellas sesiones me dio más seguridad para empezar después con las sesiones remuneradas e ir aumentando progresivamente mis tarifas.
Porque algo sí tuve claro desde el principio: el enorme valor que puede aportar un buen Coach.
¿Cuánto he invertido yo?
Y ahora sí, vamos a los números.
He intentado hacer memoria y recuperar las principales inversiones que he realizado desde que decidí formarme como Coach en 2020, aunque creo que alguna se me habrá quedado por el camino…
Aún así, la cuenta aproximada sería esta:
- Formación inicial en Coaching Superior Ejecutivo CORAOPS, 250h: 5.900 €
- Especialización en Coaching Sistémico de Equipos CORAOPS, 100h: 1.900 €
- Acreditación ACC ICF (2022): 600 € (incluía registro a la asociación)
- Acreditación PCC ICF (2025): 525 € (Examen y certificación)
- Formación específica para preparar el examen PCC: 90 €
- Formación en PNL: 600 €
- Leading for Sustainable Impact: A Global Coaching Journey: 85 €
- Soluciones Sistémicas CORAOPS: 800 €
- Acreditación Metodología KITCO: Talento, Valores y Emociones. 290€
- Especialización en Inteligencia y Bienestar Emocional, 1.290€
- Libros y bibliografía especializada: aproximadamente 300 €
Total aproximado: 12.380 €.
Y esta es la cifra más “palpable”… porque luego está la otra inversión: el tiempo.
¿Cuántas horas he invertido en estos más de cinco años?
Honestamente, no lo sé.
Podría sumar las horas oficiales de las formaciones, las prácticas necesarias para las acreditaciones o las sesiones realizadas, pero seguirían faltando muchas.
Las horas leyendo, estudiando, preparando sesiones, revisando casos, asistiendo a webinars, compartiendo experiencias con otros coaches, haciendo probonos, dejándome acompañar, investigando nuevas herramientas…
Y, sobre todo, las horas que sigo invirtiendo.
Porque, al fin y al cabo, formarte como Coach no es algo que haces una vez y das por terminado. Nunca dejas del todo de estudiar, aprender, leer, practicar y cuestionarte…
Así que, si me preguntas cuánto me ha costado formarme como Coach hasta hoy, puedo darte una cifra aproximada: 12.380 € y cinco años de aprendizaje continuo.
¡Aunque la cuenta todavía sigue abierta!

Empezar en el mundo del coaching implica mucho más que estudiar y acompañar a otras personas.
También te abre la puerta al autoconocimiento, otro de esos caminos en los que entras y, de alguna manera, ya te quedas para siempre, danzando con las nuevas oportunidades que la vida te va brindando para conocerte un poco más.
Porque acompañar desde el coaching exige también hacer tu propio trabajo personal.
Descubrir tus patrones. Aprender a distinguir qué es tuyo y qué pertenece al cliente. Escuchar sin sentir la necesidad de solucionar. Sostener silencios. Observar tus propias emociones y aprender a gestionarlas para que no interfieran en el proceso.
Y quizá por eso, cuanto más tiempo llevo acompañando a otras personas, más consciente soy de todo lo que me queda por aprender sobre las personas y sobre mí misma.
Ese camino es también el que me ha llevado a mi formación más reciente: la Especialización en Inteligencia y Bienestar Emocional de CORAOPS.
Una formación que me ha permitido profundizar en el desarrollo de competencias emocionales y sociales e incorporar nuevas herramientas para acompañar no solo a personas, sino también a equipos y organizaciones.
He aprendido a observar las energías que se generan dentro de los sistemas, a trabajar el bienestar desde sus dimensiones física, emocional y laboral y a diseñar y cocrear planes de bienestar adaptados a las necesidades de una organización.
Pero, como suele ocurrirme con este tipo de formaciones, el aprendizaje no se queda únicamente en las herramientas que después puedo utilizar profesionalmente.
También cambia mi propia forma de observarme, relacionarme y acompañar.
Y quizás esa sea una de las cosas que más me gustan de esta profesión: cada nueva herramienta que aprendes para acompañar a otros acaba, de alguna manera, transformándote también a ti.
Vale, ¿y qué me ha devuelto?
Porque no todo iba a ser invertir…
El coaching también me ha traído personas maravillosas, tanto aquellas a las que he tenido la suerte de acompañar como profesionales con los que he compartido proyectos, cofacilitado o, simplemente, recorrido parte del camino.
Me ha regalado experiencias que difícilmente habría vivido de otra manera, mucho aprendizaje y, sí, también un buen retorno económico de la inversión.
Y llegados a este punto, teniendo en cuenta mi deformación profesional como financiera, había una pregunta que inevitablemente tenía que hacerme:
¿Ha sido rentable toda esta inversión?
Antes de enseñarte los números, hay algo importante para entenderlos.
Cuando empecé en el mundo del coaching no dejé atrás mi profesión como financiera. Durante varios años fui compaginando ambas facetas: seguía trabajando en proyectos financieros mientras empezaba a acompañar, hacía sesiones probono, conseguía mis primeros clientes y construía poco a poco esta nueva parte de mi carrera.
No fue hasta 2024 cuando empecé a plantearme seriamente un cambio de rumbo.
Ese año trabajé principalmente como financiera y, a finales de año, hice algo que llevaba tiempo necesitando: parar.
Me fui durante cinco meses a viajar por Latinoamérica. Trabajé un poquito durante el viaje, pero el objetivo era precisamente tomar distancia antes de comenzar una nueva etapa profesional.
Y aquella pausa me ayudó a verlo mucho más claro.
No quería abandonar mi parte financiera. Quería integrarla de otra manera.
Quería que el coaching y el acompañamiento fueran el centro y que mis conocimientos financieros se pusieran al servicio de esa forma de trabajar.
De ahí empezaron a tomar forma, entre otras cosas, mis programas de Bienestar Financiero.
Desde 2025, esa es mi actividad principal.
Sigo manteniendo algún proyecto como CFO externo, porque hay partes de mi yo financiero de las que tampoco quiero desprenderme, pero hoy ocupa un lugar mucho menor dentro de mi actividad.

Y ahora sí, hechas las aclaraciones, vamos a los números.
Desde 2022 hasta hoy, puedo identificar aproximadamente 53.700 € de facturación directamente vinculada a mi actividad como Coach, frente a los aproximadamente 12.380 € que he invertido en formación, especializaciones y acreditaciones durante estos años.
Por tanto, esos 53.700 € no representan cinco años intentando vivir exclusivamente del coaching.
Representan el resultado de una actividad que durante buena parte de ese tiempo construí en paralelo a mi profesión como financiera y que, desde 2025, decidí convertir en el centro de mi actividad profesional.
Si quisiera hacer una cuenta rápida, podría decir que por cada euro que he invertido en mi formación como Coach, he facturado 4,34 € en servicios directamente relacionados con ella.
Pero incluso esa cifra necesita algunos matices.
Primero, porque esos 53.700 € son facturación, no beneficio. Para calcular una rentabilidad real tendría que considerar también los gastos asociados a generar esos ingresos.
Segundo, porque tampoco invertí los 12.380 € de golpe. He ido realizando formaciones, especializaciones y acreditaciones a medida que avanzaba profesionalmente, así que tampoco sería riguroso afirmar que necesité exactamente X años para “recuperar” toda esa inversión.
Y tercero, porque probablemente estaría cometiendo el error contrario: quedarme corta al calcular el retorno.
Mi formación como Coach no solo me ha generado ingresos a través de procesos que llevan la etiqueta de “coaching”.
Hoy utilizo esas competencias en mentorías financieras, formaciones, programas para empresas, acompañamientos a profesionales y proyectos en los que se mezclan finanzas, comportamiento y desarrollo personal.
¿Cuánto de esa facturación corresponde al coaching y cuánto a mis conocimientos financieros, mi experiencia previa o todo lo que he aprendido después?
Imposible separarlo.
Y quizá tampoco tenga demasiado sentido hacerlo.
Lo que sí puedo afirmar, mirando los números, es que económicamente la inversión ha sido rentable para mí.
Pero si después de más de cinco años tuviera que valorar qué me ha devuelto realmente haberme formado como Coach, los euros serían solo una parte de la respuesta.
Me ha dado una profesión, pero también una forma diferente de relacionarme con las personas.
Me ha permitido integrar dos mundos que durante un tiempo pensé que tenían que ir por separado: las finanzas y el comportamiento humano.
Me ha dado libertad para construir una forma de trabajar cada vez más alineada conmigo, experiencias que no habría imaginado cuando empecé y personas que hoy forman parte de mi vida personal y profesional.
Y, sobre todo, me ha dado algo que difícilmente puedo meter en una fórmula de Excel:
gratitud, libertad y propósito.
Así que sí, el retorno económico existe.
Pero, afortunadamente, no todo el retorno de una inversión se mide en euros.

Después de todo esto, ¿recomendaría a alguien invertir en una formación de coaching?
Depende.
¿De qué depende? De según cómo se mire… (como diría nuestro querido Pau).
Si sientes que tu vocación o propósito pasa por acompañar profesionalmente a otras personas; si quieres mejorar tus competencias como líder, directivo o gestor de equipos; o si eres un profesional que quiere incorporar herramientas de coaching a lo que ya haces… creo que en el coaching puedes encontrar un bonito aliado.
Ahora bien, si buscas una salida laboral rápida, una técnica que te permita “profesionalizar” los consejos que ya das a los demás, mejorar tus habilidades para hablar en público o, simplemente, añadir la palabra Coach a tu perfil profesional, probablemente existan otras formaciones más adecuadas para conseguirlo.
Porque formarte como Coach no significa que al día siguiente vayas a vivir del coaching.
Y esto también me parece importante contarlo.
Hoy, después de estos años, puedo decir que para mí ha sido un camino muy bonito, pero también ha tenido momentos ásperos, como ocurre en prácticamente cualquier proyecto profesional propio.
Cuando empecé tenía 34 años, bagaje financiero y cierta experiencia ejecutiva. Sin embargo, no tenía décadas de experiencia en comités de dirección ni una larga trayectoria en el mundo corporativo.
Y uno de mis grandes miedos era precisamente ese:
“¿Podré entrar en el mundo ejecutivo compitiendo con perfiles mucho más sénior que el mío?”
Me formé por vocación. Recuerdo asistir a aquel webinar de CORAOPS y pensar que había encontrado algo que encajaba muchísimo conmigo.
Pero sería poco honesto decir que en mi cabeza no estaba también otra idea:
“Quizá pueda vivir de esto.”
Y sí, hoy vivo de acompañar, formar y trabajar con personas.
Pero no ocurrió al día siguiente de recibir mi certificación.
Entre una cosa y la otra hubo práctica, sesiones probono, clientes, formación continua, especialización, marca personal, momentos de duda, prueba y error y, sobre todo, mucha siembra.
Porque una buena formación puede darte metodología, herramientas y una base sólida desde la que empezar.
Lo que no puede hacer por ti es construir tu profesión.
Esa parte viene después.
Y ahí, al menos en mi experiencia, necesitas algo más que una certificación: necesitas foco, constancia y recordar muchas veces cuál fue tu “para qué”.
Si estás pensando en formarte como Coach, ¿qué miraría antes de elegir?
Si después de todo lo anterior sigues pensando que este camino puede ser para ti, llega otra de las grandes preguntas:
¿Dónde me formo?
Hoy existe una oferta enorme de formaciones, certificaciones, cursos y escuelas de coaching. Y no todas ofrecen lo mismo ni persiguen el mismo objetivo.
Si yo tuviera que volver a elegir una formación, reconozco que volvería a hacerlo con CORAOPS.
Y aquí hago un pequeño disclaimer: actualmente soy Partner de CORAOPS, así que existe una relación profesional con la escuela. Pero también creo que esa relación es consecuencia precisamente de la experiencia que he tenido con ellos durante estos años y de compartir su manera de entender y ejercer la profesión.
Dicho esto, mi experiencia es solo eso: mi experiencia. Por eso, si estás comparando distintas opciones, te animo a que investigues y compruebes especialmente algunos aspectos antes de decidir:
Que haya práctica. Mucha práctica.
Puedes estudiar metodología, competencias y herramientas, pero llega un momento en el que tienes que sentarte delante de una persona y acompañarla. Y eso se aprende acompañando. En CORAOPS empiezas a practicar desde el día 1, aunque aún casi no sepas qué es coaching.
Quién está detrás de la formación.
No solo qué sabe o qué certificaciones tiene el formador, sino si ejerce, si acompaña a clientes y si conoce la realidad profesional que después vas a encontrarte.
Si optas por una formación acreditada por ICF, comprueba también qué nivel de acreditación tiene y quién está detrás de las evaluaciones. En los programas Level 1 y Level 2, ICF exige que los evaluadores de la prueba final tengan, como mínimo, una acreditación PCC o MCC y cumplan los requisitos específicos de formación para realizar estas evaluaciones.
La metodología y el rigor.
Qué competencias vas a adquirir, cómo se evalúan, qué código ético existe detrás y qué estándares sigue la formación.
El acompañamiento y el feedback.
Para mí fue fundamental no limitarme a practicar, sino tener personas que observaran cómo lo hacía, me diesen feedback y me ayudaran a detectar aquello que yo todavía no era capaz de ver. Incluso como coevaluación entre compañeros, nosotros mismos practicábamos y nos dábamos feedback.
Qué quieres hacer tú después con esa formación.
No necesita lo mismo alguien que quiere incorporar herramientas de coaching a su puesto como directivo que quien pretende ejercer profesionalmente como Coach.
Y añadiría algo que quizá yo no tenía tan presente cuando empecé:
mira también qué ocurre cuando termina la formación.
Porque recibir el título puede ser el final del curso, pero si quieres dedicarte profesionalmente a esto, probablemente sea solo el principio del camino.
¿Volvería a hacerlo?
Después de más de cinco años, más de 12.000 € invertidos, cientos de horas de formación y práctica, dos acreditaciones de ICF, muchas personas acompañadas y unas cuantas curvas por el camino…
Sí. Volvería a hacerlo sin dudarlo porque, además, para mí es un camino que acaba de empezar a florecer.
Si estás pensando en formarte como Coach, espero que este artículo te haya servido para conocer un poco mejor qué puede haber detrás de esa decisión.
Y si hay algo sobre esta profesión que te gustaría saber y que no he contado aquí, pregúntame en comentarios.
Después de estos años, seguramente pueda compartirte algunas cosas que a mí también me habría gustado saber cuando empecé.